desapego

Los viajes y el desapego

Los viajes siempre nos enseñan muchísimas cosas. Diferentes formas de vivir, cultura, gastronomía, relaciones humanas, idiomas… Y podría hacer una lista más larga al respecto. Pero hay algo muy personal que también nos regalan los viajes, sobre todo aquellos de larga duración, el desapego.

PERO, ¿QUÉ ES EL DESAPEGO?

Si nos vamos a un Diccionario, cómo es el Diccionario de La Real Academia de la Lengua Española (Conocido cómo RAE), la definición es la siguiente:

Desapego.

De desapegar.

1. m. Falta de afición o interés, alejamiento, desvío.

Una definición vacía, cuadriculada, y que no nos dice nada.

Si nos vamos a otras fuentes (en este caso acudiré a Wikipedia, sabiendo que tampoco es fiable al 100%), tenemos lo siguiente:

El Desapego, también expresado como “No-apego”, es el estado en el que una persona suprime su lazo de unión al deseo por las cosas, personas u objetos existentes.

El desapego como liberación del deseo y en consecuencia del sufrimiento que éste provoca es un principio fundamental para el budismo, hinduismo, jainismo, taoísmo y bahaísmo.

Bueno, esto ya nos acerca un poco más al significado de la palabra desapego (o por lo menos lo que ella significa para mi y quiero compartir). Así que, la definición by @conpdepasporte sería la siguiente:

El desapego, es un sentimiento, y la capacidad de no desear aquello que no se tiene, siendo felices con lo que sí tenemos y dejando ir todo lo que no nos aporta nada positivo o nos hace daño.

¿Y QUÉ TIENEN QUE VER LOS VIAJES CON EL DESAPEGO?

Pues la verdad, cuando se hace un viaje de unas cuantas semanas, de vacaciones, realmente no tienen nada que ver. Es más, cuando hacemos la maleta (o mochila), solemos meter más cosas de las que necesitamos en ella, con la ya mítica excusa del “por si acaso“.

Pero cuando iniciamos un viaje sin fecha de regreso, o con una fecha de regreso a largo plazo, ahí sí es cuando, y sin quererlo, empezamos a darnos cuenta de la importancia de las cosas físicas (o de la no importancia, depende de la forma en la que queramos verlo). Cada cosa que tenemos de más, es un peso extra que con el paso de los días nuestro cuerpo lo irá notando.

LOS VIAJES Y EL DESAPEGO FÍSICO

Y aunque al inicio del viaje hayamos salido de casa con un peso de 20 kg (no lo hagas, por tu salud, please), poco a poco nos iremos desprendiendo de cosas que no estamos usando. Para poner un ejemplo… Si nuestro viaje es por lugares tropicales, llevar botas de nieve “por si acaso“, carece de sentido. Si por alguna remota razón las llegáramos a necesitar, serían para solamente unos días, y ya en ese momento veremos cómo conseguirlas. Y así con todo.

(Se dice, se comenta, que para que la mochila tengo un peso adecuado no debe superar el 10% de nuestro peso corporal… Ahí dejo el dato)

Y esta situación, nos va llevando a un estado en que nos damos cuenta de que para vivir felices no necesitamos tantas “cosas”. Que tener 10 pantalones iguales parecidos, no nos hace más felices, sino dependientes de las cosas materiales.

Y así, en los viajes es que el desapego empieza a calarnos, muchas veces, sin ni siquiera saber que existe esa palabra. Porque igual que con la ropa (lo he puesto de ejemplo, porque es la forma más sencilla de verlo), sucede con todo tipo de objetos materiales.

Eso no significa que a partir de ese momento ya no necesitemos nada material, para nada. Todo lo que poseamos, material, tenemos que darle uso, el objeto en sí nos debe aportar algo positivo y útil, y no usarlo una vez al año, porque “está ahí“.

Y en todo esto entrarían también todos los objetos que seguimos guardando, aunque no los usemos, por el valor sentimental que tienen. Aprender a desprenderse de esos objetos nos ayuda personalmente, a seguir avanzando, y en los viajes de larga duración, eso se aprende “por la fuerza“.

Por trabajo SÍ es necesario
Por trabajo SÍ es necesario
¿Tanta ropa?
¿Tanta ropa?
Dejar ir lo sentimental
lo justo y necesario
Lo justo y necesario

LOS VIAJES Y EL DESAPEGO “CON EL HOGAR”

Todas las personas hemos nacido y/o crecido en un lugar concreto, dónde hemos hecho relaciones personales y arraigadas con nuestra familia, y con un círculo de amistades. Ese lugar al que se supone llamamos “hogar“.

Cuando estamos viajando por largo tiempo, ese lugar que está en nuestra mente, a veces parece que perteneciera a otra persona diferente a la que somos en ese instante, a la persona a la que nos estamos convirtiendo. Es cómo si estuviéramos viendo la vida de alguien más, en modo película o serie de hace 10 años.

Porque viajando, descubrimos, igualmente sin darnos cuenta, que podemos tener un nuevo hogar, incluso hasta nuevos hogares. Que el mundo está lleno de lugares dónde nos sentimos “en casa“, y que aquel que por circunstancias de la vida nos vio crecer, claro que ocupará un espacio en nuestro interior, pero no será el único.

Y se suele decir que el hogar lo hacen las personas. Y esto nos lleva al desapego con nuestra familia y amistades, esas relaciones que son “de siempre“.

No quiero decir que vayamos a dejar de querer a nadie por el simple hecho de estar viajando, pero sí que solamente quedarán en nuestra vida aquellas personas que nos aporten cosas positivas, no aquellas personas que sean tóxicas, o que simplemente ya no nos hacen sentir nada.

Y con esto hago referencia tanto a familia, cómo a amistades. Muchas veces, cuando permanecemos en el mismo lugar, tenemos relaciones con diferentes personas “porque así toca“. Nuestra tía que solo nos molesta para saber si tenemos pareja, o aquel amigo que tanto queríamos de la escuela, pero que con el paso de los años ya no tenemos nada en común… Y así con muchísimos más ejemplos.

Y además, el desapego también se visualiza con aquellas personas que sí queremos que estén en nuestra vida, pero librándonos de la dependencia de estar/contar/vivir/comentar/aconsejar todo aquello que nos está pasando. Empezamos a ser un poquito más libres, olvidándonos de los prejuicios que la gente que nos conoce desde años pueda tener sobre nuestra persona.

Aprendemos que la vida es el aquí y el ahora, y que aquellas personas que importan estarán en ella independientemente del lugar físico en el que nos encontremos. Porque el lugar físico nunca es importante además.

Las relaciones que importan
Las relaciones que importan
Quedarse con los recuerdos
Quedarse con los recuerdos
Aprender a dejar ir
Aprender a dejar ir

LOS VIAJES Y EL DESAPEGO CON LAS PERSONAS

Y después de hablar de las personas de nuestra vida “anterior“, tenemos que hablar sobre las personas que en los viajes se van a cruzar en nuestro camino.

La mayoría de gente en el mundo es buena gente, por lo que hay un 100% de posibilidades que conozcamos personas que nos gustaría que permanecieran en nuestra vida para siempre. Puede ser por múltiples circunstancias, ya sea un romance fugaz y apasionado, una mujer que nos trató cómo a su hija, ese grupo con el que conectamos desde el primer segundo, etc.

Pero si estamos en un viaje de largo duración, habrá un momento en el que “El viaje debe continuar“, y será el momento de la despedida.

Y en las primeras despedidas lloraremos mucho, estaremos horas en un autobús con lágrimas en los ojos mirando por la ventanilla (si está lloviendo además creeremos estar en una película romántica de los 90). Pero llegaremos a un nuevo lugar, conoceremos otra persona que cómo decía en el punto anterior, nos hará sentir “en casa“, y también tendremos que despedirnos. A medida de que las despedidas vayan aconteciendo, nos haremos “inmunes” a ellas. No significará que no nos afecten, obviamente, pero será el desapego el que esté hablando en ese momento, y todo se nos volverá mucho más sencillo. Dejando ir todas esas sensaciones, aceptándolas y abrazándolas.

Romance que tenemos que dejar
Romance que tenemos que dejar
Nuestra "nueva madre"
Nuestra “nueva madre”
Despedida dolorosa
Despedida dolorosa
Aprendemos a despedirnos
Aprendemos a despedirnos

REFLEXIÓN SOBRE LOS VIAJES Y EL DESAPEGO

Personalmente creo, que cualquier persona que haya hecho un viaje en solitario y por largo tiempo, cuando regresa a casa a su lugar de origen, es una persona completamente diferente.

Durante el viaje, habrá aprendido a desapegarse de todo aquello que no le aporta nada, desde lo más superficial, cómo son los objetos físicos, hasta en un nivel más emocional, con las situaciones y las personas.

El saber que todas las personas que están en nuestra vida nos aportan algo positivo, el dejar ir las personas tóxicas, o con las que ya no tenemos nada que ver, es algo que nos enseñan los viajes de larga duración.

Y en la vida no todo es siempre positivo (admito que las personas que están súper felices 24/7 no me caen bien porque no me las creo), pero en los viajes se aprende, gracias al desapego, que todas las situaciones las podemos sobrellevar, que aunque nos cueste, tenemos que dejar ir los pensamientos negativos, y que aunque a veces no veamos la luz, todo en esta vida tiene solución, menos la muerte.

GRACIAS POR LEERME

Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.

(Todas las imágenes son de Pixabay)

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