NO HAY EDAD

– Te quiero contar una historia de mi abuelita

– Claro, dime

– Un día, tendría unos 12 años, llegué a casa temprano y me la encontré desnuda, corriendo alrededor de un tipi. Estaba con Begoña, la vecina. Las dos jugando, felices, como leonas.

– ¿En serio? ¿Y qué pasó?

– Me quedé en shock, pero ella me habló con ternura. Me dijo que tenía que disfrutar de mi cuerpo, que era mío y de nadie más. Que ella lo descubrió de adulta, pero que ahora goza del sexo con quién quiere, porque no hay edad.

– ¡Wow! ¡Es maravillosa! Vamos a tomar un café con ella